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Los tranquilizantes son una droga de Clase C y solo pueden conseguirse con receta médica.
Los tranquilizantes pueden venir en forma de pastillas, cápsulas, supositorios, líquido o gel.
Pueden ingerirse o inyectarse.
Los tranquilizantes ralentizan las reacciones y provocan somnolencia. También alivian la ansiedad y la tensión. Los efectos son parecidos a los del alcohol y tienen un efecto relajante y calmante. Te hacen olvidar y sentirte aletargado. Esta sensación puede durar hasta 6 horas.
Su utilización prolongada crea dependencia y tolerancia a la droga. El
efecto sedante se vería enormemente reducido.
El consumo de tranquilizantes con otras drogas, en especial con el alcohol,
puede provocar una sobredosis .
El síndrome de abstinencia causado por la retirada de la droga puede ser
muy difícil. Puede provocar irritabilidad o nauseas, ansiedad, ataques
de pánico, palpitaciones, temblores, insomnio , dolor de cabeza, mareo,
dolores, pérdida de apetito y torpeza. Los efectos pueden durar días
o semanas.
Tras haber tomado tranquilizantes durante más de dos semanas, es probable que te vuelvas dependiente de ellos. La mejor medida que puede tomarse es ver a un médico y reducir la dosis hasta que ya no necesites tomarlos. El síndrome de abstinencia causado por una retirada repentina puede provocar convulsiones y confusión.